lunes, 28 de junio de 2010

EL CABALLERO - capitulo 6

EL CASTILLO DE LA VOLUNTAD Y LA OSADÍA

Hacia el amanecer del día siguiente, el inverosímil trío llegó al último castillo. Era más alto que los otros y sus muros parecían más gruesos. Confiado de que atravesaría velozmente este castillo, el caballero cruzó el puente levadizo con los animales.
Cuando estaban a medio camino se abrió de golpe la puerta del castillo y un enorme y amenazador dragón, cubierto de relucientes escamas verdes, surgió de su interior, echando fuego por la boca. Espantado, el caballero se paró en seco.
Había visto muchos dragones, pero éste no se parecía a ninguno. Era enorme, y las llamas salían no sólo de su boca, como sucedía con cualquier dragón común y corriente, sino también de sus ojos y oídos. Y, por si eso fuera poco, las llamas eran azules, lo cual quería decir que este dragón tenía un alto contenido de butano.

El caballero buscó su espada, pero su mano no encontró nada. Comenzó a temblar. Con una voz débil e irreconocible, el caballero pidió ayuda a Merlín, más, para su desesperación, el mago no apareció.
- ¿Por qué no viene? - preguntó ansiosamente, al tiempo que esquivaba una llamarada azul del monstruo.
- No lo sé - replicó Ardilla - Normalmente se puede contar con él.
Rebeca, sentada sobre el hombre del caballero, ladeó la cabeza y escuchó con atención.
- Por lo que he podido captar, Merlín está en París, asistiendo a una conferencia sobre magos.
“No me puede abandonar ahora”, se dijo el caballero. “Me prometió que no habría dragones en el Sendero de la Verdad”
- Se refería a dragones comunes y corrientes - rugió el monstruo con una voz que hizo temblar los árboles y que por poco hizo caer a Rebeca del hombro del caballero.

La situación parecía seria. Un dragón que podía leer las mentes era definitivamente lo pero que se podía esperar pero, de alguna manera, el caballero logró dejar de temblar. Con la voz más fuerte y potente que pudo, gritó:
- ¡Fuera de mi camino, bombona de butano gigante!.
La bestia bufó, lanzando fuego en todas direcciones.
- Caramba, ¡qué atrevido el gatito asustado!
El caballero, que no sabía que más hacer, intentó ganar tiempo.
- ¿Qué haces en el Castillo de la voluntad y la Osadía? - preguntó.
- ¿Hay algún sitio mejor donde yo pueda vivir? - Soy el Dragón del Miedo y la Duda.
El caballero reconoció que el nombre era muy acertado. Miedo y duda era exactamente lo que sentía.

El dragón volvió a vociferar:
- Estoy aquí para acabar con todos los listillos que piensan que pueden derrotar a cualquiera simplemente porque han pasado por el Castillo del Conocimiento.
Rebeca susurró al oído del caballero:
- Merlín dijo una vez que el conocimiento de uno mismo podía matar al Dragón del Miedo y la Duda.
- ¿Y tu lo crees? - susurró al caballero.
- Sí - afirmó Rebeca con firmeza.
- ¡Pues, entonces, encárgate tú de ese lanzallamas verde! - El caballero dio media vuelta y cruzó el puente levadizo corriendo, en retirada.
- ¡Jo,jo,jo! - rió el dragón, y con su último “jo” por poco quema los pantalones del caballero.
- ¿Os retiráis después de haber llegado tan lejos? - preguntó Ardilla, mientras el caballero se sacudía las chispas de la espalda.
- No lo sé - replicó él - He llegado a habituarme a ciertos lujos, como vivir.
San intervino.
- ¿Cómo te soportas si no tienes la voluntad y la osadía de poner a prueba el conocimiento que tienes de ti mismo?
- ¿Tú también crees que el conocimiento de uno mismo puede matar al Dragón del Miedo y la Duda? - preguntó el caballero.
- Por supuesto. El conocimiento de uno mismo es la verdad y ya sabes lo que dicen: “la verdad es más poderosa que la espada”.
- Ya sé que eso es lo que se dice, pero ¿hay alguien que lo haya probado y haya sobrevivido? - preguntó sutilmente el caballero.

Tan pronto como acabó de pronunciar estas palabras, el caballero recordó que no necesitaba probar nada.
Era bueno, generoso y amoroso. Por lo tanto, no debía sentir ni miedo ni dudas. El dragón no era más que una ilusión.
El caballero dirigió la mirada a través del puente hacia donde se encontraba el monstruo lanzando fuego hacia unos arbustos, por lo visto para no perder la práctica. Con el pensamiento en la mente de que el dragón sólo existía si él creía que existía, el caballero inspiró profundamente y, con lentitud, volvió a atravesar el puente levadizo.
El dragón, por supuesto, fue a su encuentro, bufando y echando fuego. Esta vez, sin embargo, el caballero siguió adelante. Pero el coraje del caballero no tardó en comenzar a derretirse, al igual que su barba, con el calor de las llamaradas del dragón. Con un grito de temor y angustia, dio media vuelta y salió corriendo.
El dragón dejó escapar una poderosa carcajada y disparó un chorro de fuego contra el caballero en retirada.
Con un aullido de dolor, el caballero atravesó el puente como una bala, con Rebeca y Ardilla tras él. Al divisar un pequeño arroyo, sumergió rápidamente su chamuscado trasero en el agua fresca, sofocando las llamas en el acto.

Ardilla y Rebeca intentaban consolarlo desde la orilla.
- Habéis sido muy valiente - dijo Ardilla.
- No está mal por tratarse del primer intento - añadió Rebeca.
Sorprendido, el caballero la miró desde donde estaba.
- ¿Cómo que el primer intento?
Ardilla le respondió con toda naturalidad:
- Tendréis más suerte la segunda vez
El caballero respondió enfadado:
- Tú irás la segunda vez.
- Recordad que el dragón es sólo una ilusión - dijo Rebeca.
- ¿Y el fuego que sale de su boca? ¿Eso también es una ilusión?
- En efecto - respondió Rebeca - el fuego también era una ilusión.
- Entonces, ¿cómo es que estoy sentado en este arroyo con el trasero quemado? - exigió el caballero.
- Porque vos mismo hicisteis que el fuego fuera real, le dais el poder de quemar vuestro trasero o cualquier
otra cosa - dijo Ardilla.
- Tienes razón - corroboró Sam - Debes regresar y enfrentarte al dragón de una vez por todas.
El caballero se sintió acorralado. Eran tres contra uno. O, mejor dicho, dos y medio contra uno; la mitad Sam del caballero estaba de acuerdo con Ardilla y Rebeca, mientras que la otra mitad quería permanecer en el arroyo.
Mientras el caballero luchaba contra un coraje que flaqueaba, oyó a Sam decir:
- Dios le dio coraje al hombre. El hombre da coraje a Dios.
- Estoy harto de intentar comprender el significado de las cosas. Prefiero quedarme sentado en el arroyo y descansar.
- Mira - lo animó Sam - si te enfrentas al dragón, hay una posibilidad de que lo elimines, pero si no te enfrentas a él, es seguro que él te destruirá.
- Las decisiones son fáciles cuando sólo hay una alternativa - dijo el caballero . Se puso en pie de mala gana, inspiró profundamente y cruzó el puente levadizo una vez más.
El dragón le miró incrédulo. Era un tipo verdaderamente terco.
- ¿Otra vez? - bufó - Bueno, esta vez sí que te pienso quemar.
Pero esta vez el caballero que marchaba hacia el dragón era otro; uno que cantaba una y otra vez: “el miedo y la duda son ilusiones”.
El dragón lanzó gigantescas llamaradas contra el caballero una y otra vez pero, por más que lo intentaba, no lograba hacerlo arder.

A medida que el caballero se iba acercando, el dragón se iba haciendo cada vez más pequeño, hasta que alcanzó el tamaño de una rana. Una vez extinguida su llama, el dragón comenzó a lanzar semillas. Estas semillas - las Semillas de la Duda - tampoco lograron detener al caballero. El dragón se iba haciendo aún más pequeño a medida que continuaba avanzando con determinación.
- ¡He vencido! - exclamó el caballero victorioso.
El dragón apenas podía hablar.
- Quizás esta vez, pero regresaré una y otra vez para bloquear tu camino.
Dicho esto, desapareció con una explosión de humo azul.
- Regresa siempre que quieras - le gritó el caballero - Cada vez que lo hagas, yo seré más fuerte y tú más débil.
Rebeca voló y aterrizó en el hombro del caballero.
- Lo veis, yo tenía razón. El conocimiento de uno mismo puede matar al Dragón del Miedo y la Duda.
- Si realmente creías que era sí, ¿por qué no me acompañaste cuando me acerqué al dragón? - preguntó el caballero, que ya no se sentía inferior a su amiga emplumada.
Rebeca mullió sus plumas.
- No quería interferir. Era vuestro viaje.
Divertido, el caballero estiró el brazo para abrir la puerta del castillo, pero ¡el Castillo de la Voluntad y la Osadía había desaparecido!
Sam le explicó:
- No tienes que aprender sobre la voluntad y la osadía porque acabas de demostrar que ya la posees.

El caballero echó la cabeza hacia atrás, riendo de pura alegría. Podía ver la cima de la montaña. El sendero parecía aún más empinado que antes, pero no importaba.
Sabía que ya nada le podía detener.

10 comentarios:

50leonor dijo...

Ese dragon es muy dificil de vencer, sobretodo cuando te has equivocado una vez. Sigo quemandome el trasero pero lo sigo intentando, un beso.

Girasol dijo...

Ese dragon es muy dificil de vencer, sobretodo cuando te has equivocado una vez. Sigo quemandome el trasero pero lo sigo intentando, un beso.

ion-laos dijo...

Por qué no haces un resumen????
Lo del dragón y el butano, me ha llegado al alma, jajajajaja, pero con lo que me he descoj...es con el comentario anterior de mi tocaya, jajajaja.

Hala guapa, a ver si ya terminas con esto, un besinnnnn

Velvetina dijo...

Me gusta el final de este capitulo del Caballero, ese párrafo donde dice: “El sendero parecía aún más empinado que antes, pero no importaba. Sabía que ya nada le podía detener”. Palabras ficticias que se mezclan con nuestra propia realidad ¿a qué sí?.

Sé que tienes una sentencia pendiente (que no te deje comentarios en cada entrada, no quiere decir que no conozca de tí ¡que lo sepas guapetona!)… así que tú, ¡lo mismo que ese caballero!, ahora que ves la cima de la montaña y aunque el camino te parezca empinado, ¡¡¡no te detengas!!!.
Tengo el presentimiento de que nos darás noticias muy gratas para ti ( y ¿cómo no? para quíenes te estiman).

Un abrazo

Velvetina

La Gata Coqueta dijo...

Fantasías

¿A que huelen los versos?
a jazmín y primavera...

¿A que huelen los suspiros?
A ensueños de verano...

¿A que huelen las caricias?
A espigas recién cortadas...

¿A que huelen las sonrisas?
Al embrujo de los besos...

¿A que huelen los sueños?
A fin de semana a tu lado...

¿A que huelen los colores?
A romero y espliego rozándose...

¿A que huelen las auroras?
A esperas y anhelos...

¿A que huelen las melodías?
A gozos y sombras de amor...

María del Carmen

MaysArte dijo...

Hola Angelosa!!

Pero todavia con la armadura párriba y pábajo.Yo pensé que ya habiamos acabaú.
Que ya sabes que me lo leí!!.

Besitos maja!!
May.

ion-laos dijo...

FELICIDADESSSS!!!!

Invitate a algo, que lo merecemos por las entradas.

Pasalo muy bien en este día, disfruta de los tuyos y si la crisis lo permite y hay algún regalito pues mejor.

Un gran beso, guapetona

((((muaaacccsss))))))

africa dijo...

FELICIDADES ANGELOSA! que cumplas muchos, muchos más, te dejo una canción que estoy oyendo en estos momentos, es de las de antes pero muy especial para mi, por eso te la regalo a estas horas:

http://www.youtube.com/watch?v=TcZ3if8iuCs

Angelosa dijo...

Muchas gracias a las dos por las felicitaciones, y lo siento por vosotras pero me queda todavia un capitulo más, ya sabeis quien no lo quiera leer que no entre, no es obligatorio. Ahh y las invitaciones lo dejaremos para otro año si no os importa que estoy en el paro y se me acaba en Agosto, que estamos en crisisssss guapas, un beso gordo a las dos y muchas gracias.

Anónimo dijo...

Simplemente entro a desearte un feliz cumpleaños.

Ya sabes, lo hago unn poco tarde... en mi insomnio, pero me he acordado de ti y como por el "feisbu" me lio un poco, pues te deseo aquí lo mejor para tu vida futura y que se resuelva lo mejor posible tu juicio.

Un beso grande, que cumplas muchos más y que yo lo vea...¡que eso será buena señal!.

BRAVISSIMA

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¡¡ cuentame y no mires atras !!


Gracias querida Gata, sigo aquí, pero sin ganas de nada.

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